miércoles, 29 de septiembre de 2010

Marruecos anuncia un nuevo enfrentamiento contra la ONU

CRÓNICA DE LA LLEGADA DE ACTIVISTAS SAHARAUIS OBSERVADORES ESPAÑOLES A EL AAIÚN

Sultana Jaya. "Me podeis quitar la vida, pero no la pulsera"

GUINGUINBALI LAURA GALLEGO E l Aaiún 28/09/2010

Galería de fotos: Llegada a El Aaiún de los activistas saharauis y los observadores españoles

"Me podeis quitar la vida, pero no la pulsera". Sultana Jaya, que ya perdió un ojo a manos de la policía marroquí, estaba ayer dispuesta a morir antes que dejarse arrebatar una diminuta bandera saharaui en el aeropuerto de El Aaiun. O lo que para ella representaba su dignidad y su derecho a defender pacíficamente su causa. "No es una bomba, es una pulsera", explicaba, cargada de razón, a los 7 observadores españoles que ayer la acompañaban junto a una delegación de 26 saharauis en su regreso a los territorios ocupados.

Y con esa frase, empezó un tenso calvario que no acabó hasta entradas las dos de la mañana, con todos a salvo, esta vez.

La negativa de Jaya, a quien ya habían requisado todo el material relacionado con la conferencia internacional sobre Derechos Humanos en la que acababan de participar en Argel, motivó la retirada de su pasaporte por parte de la policía: alrededor de 50 agentes que ya esperaban en la terminal cuando aterrizó el avión, procedente de Casablanca, y 150 que llegaron a sumarse según iba pasando el tiempo. Vestidos de paisano, apoyados por toda la sala, cruzados de brazos y observando,c ada vez más tensos. Y más impacientes. Hasta que una buena parte se calzó unos chalecos reflectantes: el preludio de un desalojo violento.

Las autoridades negociaron entonces con el grupo de observadores: debían de salir todos excepto Sultana, y dos acompañantes del grupo de observadores, el consejero del Cabildo grancanario Carmelo Ramírez y el actor y activista Willie Toledo. Y un abogado saharaui que viajaba con el grupo. Ahora eran muchos menos, pero los mismos policias les rodeaban a escasos centímetros. "¿Esta intimidación es necesaria?", preguntó Toledo. "Sólo queremos buscar una solución", contestó enigmático uno de ellos. "Estos símbolos están prohibidos, -explicó-¿acaso ustedes pueden hacerlo en el País Vasco?". La respuesta, afirmativa, no pareció importarle.

El pulso se resolvió finalmente sin la violencia habitual; Khaya está convencida de que sólo la presencia extranjera logró que se contuvieran, aunque la bandera de la discordia acabara siendo arrancada con una navaja. "Pero no tengo miedo" repetía Khaya constantemente, como queriendo explicar lo que saltaba a la vista. Que quizás quiso evitar más problemas a sus amigos españoles. Cobarde es lo último que podría decirse de esta mujer.

La delegación partió entonces hacia la vivienda en el barrio de Casa Piedra, donde otros activistas y 7 españoles más habían preparado el recibimiento, y que permanecía sitiada por otros 200 policías desde el mediodía. La caravana de 7 vehículos llegó escalonadamente. La policía,por el camino, los fue parando para asegurarse de que así fuera.

Los españoles prepararon un pasillo en la entrada, y aguantando los empujones, las amenazas y que les tomaran fotografías constantemente, arroparon la entrada de cada uno de los activistas. Las porras, presentes, no salieron anoche de su funda. Aunque para Toledo, poco importa eso: "Ha sido una de las experiencias más terroríficas de mi vida,yo presumía de conocer un poco la vida del pueblo saharaui, pero hasta que no vienes a los territorios ocupados y ves el terrorismo de Estado bajo el que viven, hasta que no sientes este acoso tan brutal, no te haces una idea de la dimensión real de su sufrimiento".

Toledo se ha despertado hoy "más impresionado aún si cabe por la valentía de los hermanos saharauis", porque, aunque efectivamente, ayer la policía no llegara a cargar sintió "el clima de terror que viven y al que se enfrentan pacíficamente". Lo cierto es que el actor aguantó en la puerta empujones de la policía, que las fuerzas de seguridad del Estado marroquí le hicieran fotos a escasos centímetros de la cara y amenazas varias. A él y a los seis españoles que esperaban en la vivienda y que empujaban en la misma dirección.

Por su parte, Carmelo Ramírez, político grancanario y presidente de FEDDISAH, quien sí ha vivido con anterioridad experiencias similares, insiste en que cualquier día “se va a producir una masacre”. Ramírez pide al Gobierno marroquí que “frene ya esta violación impune de los Derechos Humanos y aplique las resoluciones de la ONU”. Y advierte: "si la comunidad internacional no es capaz de presionarle, pronto se lamentará una desgracia mayor que las torturas, encarcelamientos y el hostigamiento constante que padece la población en el Sahara Occidental”.
Pero ni los saharauis ni los activistas españoles flaquean de momento. Mañana y pasado está prevista la llegada de otros dos grupos, de esos 74 que se desplazaron a Argel. Los activistas esperan expectantes "ver hasta dónde aguanta la policía marroquí sin recurrir a sus métodos habituales". Toledo, Ramírez y el resto de españoles volverán a ejercer de observadores, y de escudos, llegado el caso.

Aunque los saharauis parecen también resignados al hecho de que, "los palos" que no reciban estos días, volverán a caer cuando nadie mire. Pero si la propuesta de algunos de reforzar estos acompañamientos prospera, cada vez será más difícil.

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